21/10/13

UNA POESÍA MUUUY PARTICULAR

Te invito a leer una poesía que todos disfrutamos mucho: 

"LA ESPANTOSA HISTORIA DEL MONSTRUO Y LA ACHICORIA".

Guillermo Saavedra

La misma se puede leer en el libro: 
"PANCITAS ARGENTINAS" 
del autor: GUILLERMO SAAVEDRA.







AQUÍ VA....

"LA ESPANTOSA HISTORIA DEL 
MONSTRUO Y LA ACHICORIA"

Voy a contarles un cuento,
La espantosa historia del monstruo y la achicoria - Voy a contarles un cuento, truculento, de esos de noche de viento, con episodios violentos y gente con mal aliento. Había un monstruo tan peludo y forzudo que ni el más valiente pudo con armas o con embudos ganarle un partido al ludo. Tenía dientes en los ojos y anteojos sucios y bastante flojos y el pelo lleno de piojos y los ojos siempre rojos. Tenía tres pies, muy torcidos, percudidos, y ocho brazos descosidos en un cuerpo resentido por no bañarse seguido. Era más malo que el hambre, con calambres y el pecho lleno de alambres y en la cabeza un matambre que le robó a Juanjo Cambre. Era un tipo abominable, miserable como yogur descartable o cien canales de cable con programas detestables. Su mascota era un enano con seis manos, que se acostaba temprano en la punta de un toscano fabricado por su hermano. Era una bestia espantosa, peligrosa, gritaba por cualquier cosa, se afeitaba con baldosas y odiaba a las mariposas. Al despertar se comía, cada día, quince tías y un montón de porquerías tibias, calientes o frías. Después se ponía un piloto todo roto, y salía como un croto a tirarles porotos a los que andaban en moto. Con un palo grande y duro, este impuro les pegaba a los canguros y a los tigres, contra un muro, los dejaba sin futuro. Los habitantes de Haedo tenían miedo, y en el barrio de Boedo ni el gran Romualdo Polledo se atrevió a mover un dedo. En Caballito, la gente, muy valiente, al llegar este demente mostrando todos los dientes, le tiraba repelente. Pero era una imprudencia: la ocurrencia, a este animal sin conciencia, le hacía perder la paciencia y pegaba sin clemencia. La ciudad quedó desierta: muy alerta, la gente ni abría la puerta por miedo a quedarse muerta por esta bestia mamerta. Todo el mundo le temía, le rehuían sus abuelas y las mías. Y a los propios policías les temblaban las encías. Hasta que un día de gloria, la gran Moria, nacida en Puente La Noria, pudo cambiar esta historia con una simple achicoria. Descubrió que este animal sin igual, se podía poner muy mal al oler el vegetal que se llamaba así tal cual. Puso achicoria en la entrada, muy odiada, de la casa despintada de esta bestia tan cuadrada que no respetaba nada. El efecto fue inmediato: en un rato, este tremendo insensato quedó más chico y más chato que la suela de un zapato. Así terminó este reo sucio y feo. Lo tenemos, sin fideos, en un sobre de correo. Si quieren, tengo el video. [i]©Guillermo Saavedra, Pancitas Argentinas, ©Alfaguara, 2000.[/i] - Fotologtruculento,
de esos de noche de viento,
con episodios violentos
y gente con mal aliento.

Había un monstruo tan peludo
y forzudo
que ni el más valiente pudo
con armas o con embudos
ganarle un partido al Ludo.

Tenía dientes en los ojos
y anteojos
sucios y bastantes flojos
y el pelo lleno de piojos
y los ojos siempre rojos.

Tenía tres pies, muy torcidos,
 percudidos,
y ocho brazos descosidos
en un cuerpo resentido
por no bañarse seguido.

Era más malo que el hambre,
con calambres
y el pecho lleno de alambres
y en la cabeza un matambre
que le robó a Juanjo Cambre.

Era un tipo abominable,
miserable
como un yogur descartable
o cien canales de cable
con programas detestables.

Su mascota era un enano
con seis manos,
que se acostaba temprano
en la punta de un toscano
fabricado por su hermano.

Era una bestia espantosa,
peligrosa,
gritaba por cualquier cosa,
se afeitaba con baldosas
y odiaba a  las mariposas.

Al despertar  se comía,
cada día,
quince docenas de tías
y un montón de porquerías
tibias, calientes o frías.

Después se ponía un piloto
todo roto,
y salía como un croto
a tirarles con porotos
a los que andaban en moto.

Con un palo grande y duro,
este impuro
les pegaba a los canguros
y a los tigres, contra un muro,
los dejaba sin futuro.

Los habitantes de Haedo
tenían miedo, y en el barrio de Boedo
ni el gran Romualdo Polledo
se atrevió a mover un dedo.

En Caballito, la gente,
muy valiente,
al llegar este demente
mostrando todos los dientes,
le tiraba repelente.

...

Todo el mundo le temía,
le rehuían,
sus abuelas y las mías.
Y a los propios  policías
le temblaban las encías.

Hasta que un día de gloria,
la gran Moria,
nacida en puente La Noria,
pudo cambiar esta historia
con una simple achicoria.

Descubrió que este animal,
sin igual,
se podía poner muy mal
al oler el vegetal
que se llama así tal cual.

Puso achicoria en la entrada,
muy odiada,
de la casa despintada
de esta bestia tan cuadrada
que no respetaba nada.

El efecto fue inmediato:
en un rato,
este tremendo insensato
quedó más chico y más chato
que la suela de un zapato.

Así terminó este reo
sucio y feo.
Lo tenemos, sin fideos,
en un sobre de correo.
Si quieren tengo el video.

Autor: GUILLERMO  SAAVEDRA.

Del  libro "PANCITAS ARGENTINAS"
Editorial: ALFAGUARA INFANTIL




9 comentarios:

  1. las rimas o poesías son muy graciosas, lindas y divertidas son muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy entretenidas

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  2. Seño este libro es muy divertido¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.

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  3. nachoooo.A.!!!!!!!!!!!!!22/10/13, 22:27

    Que lindos(FEOS) poemas son muy graciosos para matarse de la risa
    JAJAJAJA

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  4. Seño esta re buuuuuuuuuuueno

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  5. Juan M:
    Muy linda la poesía. Me llama la atención como Guillermo Saavedra escribe poesías tan lindas mezcladas con humor

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  6. Juan M:
    ¡Sí, tenés razón Feli !

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  7. FERMÍN:
    ¡JA JA JA JA, QUÉ GRACIOSA ESTÁ ESTA POESÍA!

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  8. Me encanta es muy gracioso y muy feo el monstruo jaja

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